Pequeñas diferencias (Entre el Ulster y el País Vasco)

Pequeñas diferencias
IGNACIO CAMACHOATAVIADOS en su mayoría con traje y corbata como símbolo de su actual vocación de respetabilidad institucional, varios centenares de delegados del Sinn Feinn, el brazo político del antiguo terrorismo norirlandés, aprobaron el pasado fin de semana la aceptación de una nueva Policía y unos tribunales autonómicos para el Ulster, inferiores en efectivos y competencias a la Ertzaintza y a la magistratura que desde hace décadas rigen el orden público y la administración de justicia en la Comunidad Autónoma Vasca. La decisión de la conferencia de los republicanos ha originado gran optimismo en la escena política británica, por tratarse de un paso decisivo en la normalización del interrumpido «proceso de paz» de Irlanda del Norte, cuya raquítica autonomía suspendió el Gobierno en 2002 ante los incumplimientos reiterados de los acuerdos de Stormont... firmados hace nueve años.
Previamente a este trascendental desbloqueo de una de las condiciones esenciales fijadas por Londres, los republicanos han debido admitir la verificación del abandono de las armas por parte del IRA, efectuada bajo la severa supervisión de expertos militares internacionales. El Gobierno británico, que se reservó la potestad de volver a encarcelar a los presos liberados si se rompían las condiciones pactadas de cese de la violencia, consideró hace más de un lustro que las dos partes enfrentadas en el conflicto -los republicanos de Adams y los unionistas del reverendo Paisley- no respetaban el marco de garantías fijado en Stormont, y suspendió unilateralmente el proceso autonómico establecido en la hoja de ruta hasta que ambos bandos entrasen en razón. Dicho proceso establece un mínimo marco de autogobierno, aproximadamente equivalente al que poseían algunas comunidades uniprovinciales españolas antes de las últimas rondas de traspasos competenciales de los años noventa.
A lo largo de este dilatado lapso de tiempo, los dirigentes del Sinn Feinn han atajado, con mayor o menor éxito, las tentaciones rupturistas de algunos de sus militantes más radicales, imponiendo al brazo armado de la organización la necesidad de acatar el nuevo orden. En todo momento, el Gobierno de Tony Blair ha fijado como interlocutores a los líderes de la organización política, responsabilizándolos de mantener a raya a los comandos y garantizar el cumplimiento de los pactos.
Ayer lunes, al día siguiente de que los antiguos terroristas del Ulster optaran por someterse a las instituciones que combatieron criminalmente, miles de personas se manifestaban en Bilbao movilizadas por el partido que gobierna la autonomía vasca desde hace veinticinco años con poderes propios de un Estado confederado. Protestaban contra la decisión del Tribunal de Justicia del País Vasco de exigir responsabilidades al presidente autonómico por reunirse con dirigentes filoterroristas ilegalizados ante su negativa a condenar la violencia de ETA.
Incluso los más recalcitrantes aficionados a las analogías habrán de admitir la existencia de ciertas pequeñas, pero muy vistosas, diferencias




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