Editorial: Estrategia de acoso contra el PP

EditorialEstrategia de acoso contra el PP
SI el sindicato UGT -que es tanto como decir el PSOE- hubiera tenido verdadera voluntad de integrar al PP en la manifestación que hoy se celebrará en Madrid, habría atendido a la primera a la petición de esta formación y del Foro de Ermua de incluir la palabra libertad en el lema de la convocatoria. UGT se negó por completo a hacerlo, a pesar de que su negativa a una demanda tan razonable no sólo creaba un nuevo cisma entre los demócratas, sino que también revelaba una intención clandestina de crearle al PP un enfrentamiento con la opinión pública, paralelo a un servicio dócil de apoyo al PSOE. Sólo después del rechazo a la ampliación del lema de la manifestación, el PP, primero, y el Foro de Ermua, después, dieron a conocer su decisión de no acudir a la marcha. Sorpresivamente, UGT decidió ayer por la mañana introducir la palabra libertad en el lema y armar, sin solución de continuidad, la nueva trampa al PP: Rajoy se quedaba sin «excusa» para no ir a la manifestación. El súbito cambio de criterio del sindicato del PSOE no se produjo como respuesta a la negativa del PP de asistir, pues entre uno y otra pasaron treinta y seis horas, sino como complemento táctico de una decisión similar tomada la noche del jueves por el lendakari Ibarretxe para no desairar al PSOE y obligar a Batasuna a desligarse de la manifestación de Bilbao.
Todo, por tanto, ha sido una sucesión de trampas destinadas a dar satisfacción a los intereses estratégicos del PSOE y del Gobierno: el entendimiento con el PNV y el aislamiento del PP. Aquéllos han creado la polémica que necesitaban para que ETA y su atentado no fueran los verdaderos reos de la condena pública. Pero ni el repudio al atentado de ETA, ni el reconocimiento a los dos ecuatorianos asesinados han estado realmente presentes en el ánimo de los convocantes. El cainismo que destila contra el PP el comunicado de la sedicente Unión de Actores da buena prueba de que la aversión hacia los populares es, en una parte de la izquierda española, superior al rechazo que debiera merecerle ETA. En este sentido, la petición de desconvocatoria hecha por Rajoy, llena de sensatez, se enmarca en el cuadro general de anormalidad política cultivada por el Gobierno en relación con ETA desde hace dos años y medio. Ahora pretenden dar lecciones de coraje cívico ante los terroristas los mismos que se han retratado, con rosas blancas o sin ellas, junto a conspicuos dirigentes de ETA, alguno de ellos procesado actualmente por terrorista. Ahora se rasgan las vestiduras por la presencia de Otegi en la manifestación de Bilbao -a la que finalmente no acudirá- en la manifestación de Bilbao quienes, mientras ETA mataba, fraguaron con el dirigente proetarra, el alto el fuego de 22 de marzo. Reprochan al PP que no apoye a las víctimas los mismos que han empleado sus energías en laminar el protagonismo ético que éstas alcanzaron en el anterior gobierno, gracias también, y hay que decirlo con melancolía, a la estrecha colaboración entre populares y socialistas. Y quieren poner a Rajoy en un brete moral -ni más ni menos- quienes, para poder blanquear la mesa de negociación política con ETA y Batasuna, no han hecho otra cosa que relativizar la maldad intrínseca de los terroristas -hombres con discursos de paz y partidarios del proceso de diálogo, como dijo Rodríguez Zapatero de Otegi y de Iñaki de Juana, respectivamente-.
Por si fuera poco, el maquiavelismo ramplón de UGT -testaferro de los intereses políticos del PSOE y del Gobierno- es también una manipulación de los sentimientos ciudadanos. Otra vez, la izquierda aprovecha las consecuencias de un atentado para exacerbar la sensibilidad de una sociedad herida y lanzar a la opinión pública contra el PP estableciendo entre este partido y los crímenes terroristas una suerte de corresponsabilidad. Los españoles esperaban una respuesta unitaria frente a ETA y se van a encontrar que en Madrid el principal partido de la oposición, con diez millones de votos y representante de la mejor y más eficaz política contra ETA, se queda en casa por el sectarismo de los convocantes. ¿Esta es la estrategia que va a acabar con el terrorismo? La burda artimaña seguida por UGT y el PSOE para arrinconar al PP es un indicio preocupante de lo que los socialistas pueden estar dispuestos a hacer con tal de no asumir que su principal proyecto partidista, la negociación política con ETA, ha sido un fracaso.




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