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martes 30 de enero de 2007

En el principio fue el terror

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En el principio fue el terror
Mientras tanto en la caverna etarra VALENTÍ PUIG

LA guerra civil irlandesa, inmediata a la independencia, enfrentó a quienes aceptaban pragmáticamente la partición de los condados del Norte -deseosos de seguir siendo británicos- y quienes lo querían todo al instante. Desde entonces, el IRA practicó el terror para lograr la secesión del Ulster y su integración en la República de Irlanda. La secuencia es elemental: muy pronto, el IRA se enfrentó a la ley y el orden en los condados del Norte. Creó la mitología propia de todo irredentismo -víctimas, héroes, mártires- y en treinta años ha asesinado a más 1.800 personas. Y ahora, habiendo catado el poder en el sistema de reparto -entre unionistas y secesionistas, protestantes y católicos- según los acuerdos del Viernes Santo, se pone corbata, cuelga el «kalashnikov» sobre la chimenea y dice que nada tiene en contra del imperio de la ley británica, de la Policía norirlandesa y el sistema judicial. Cuenta con las reivindicaciones demoradas, con la demografía, con flujos económicos.

Ya quedaba lejos la versión idílica del IRA, fomentada por Hollywood prácticamente hasta los tiempos de Clinton. Eso culminó en «El hombre tranquilo» de John Ford, un paraíso casi atemporal en el que los muchachos del IRA contribuyen a la jarana con fusta y botas de montar. Era precisamente en aquellos tiempos cuando el IRA arrasaba las casas de los hacendados anglo-irlandeses -la «Ascendancy»- que tanto habían contribuido a la prosperidad y a la cultura de Irlanda, a pesar de graves abusos del dominio británico.

Aquel éxodo desapareció de la memoria, del mismo modo que se habla poco en Irlanda de la guerra civil de 1922, que fue estricta consecuencia de la insania nacionalista. Se celebra la revuelta de Pascua de 1916 -contra Gran Bretaña, en guerra con Alemania- a sabiendas de que fue una insensatez. Quedaba maltrecha la estrategia gradualista y parlamentaria. Para cerrar el bucle, la imagen de Ian Paisley como líder unionista ha pesado demasiado, por contraste con los que hasta hace poco eran los sectores moderados del unionismo, pragmáticos y posibilistas, buenos negociadores y aliados del partido «tory» en el Parlamento de Londres.

Tampoco es equiparable el terrorismo del IRA y la violencia paramilitar protestante. Otro mito ha sido el monopolio protestante en la Policía norirlandesa, el «Royal Ulster Constabulary», algo cierto en el pasado, pero manifiestamente corregido en las últimas décadas. Hubo policías católicos en el «Royal Ulster Constabulary» y fueron objetivo especial del IRA. A mayor abundancia, Chris Patten, el último gobernador de Hong Kong, propuso ya una reforma de la Policía del Ulster que tuvo mejor acogida en el Sinn Fein que entre los unionistas. De hecho, el Sinn Fein tomará parte en la dirección de la Policía de Irlanda del Norte. El pirata de manos ensangrentadas se pone al timón de la nave hasta ahora enemiga a muerte. No es menor la sospecha de que el Sinn Fein quiere el control de la Policía en «sus» áreas, allí donde practica la extorsión, intimida, chantajea, aplica la ley del Talión y saca -compañías de taxi, contrabando- su financiación. Uno se pregunta qué más van a pedir pasado mañana, pero lo cierto es que el compromiso asumido es una buena noticia.

La decisión del Sinn Fein queda condicionada por la devolución del poder autonómico por parte de Londres -suspendido hace cuatro años al descubrirse espías del IRA- y el reinicio de poder compartido en los condados del norte. La convocatoria de elecciones autonómicas se da por supuesta. En la República de Irlanda las elecciones generales son en unos meses. El Sinn Fein también pudiera participar en el gobierno de Dublín. La Historia tiene extraños caladeros en los que el terrorismo incluso adquiere credibilidad.

El daño causado por el IRA en Irlanda del Norte -en vidas y bienes, en estabilidad y autoestima- es del todo impagable. Pero osan ir al cobro los caciques del Sinn Fein, una organización brutal y opaca, cuya jerarquía lleva sangre hasta los codos. Quedan otros casos de sectarismo en carne viva, saturados de paranoia, maximalismo, sed de venganza y afán de destruir. En todas partes van a invitar a Gerry Adams para que explique los dividendos del terror. Habrá que oírle diciendo cómo cumple con la ley, pero a su modo.

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