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lunes 29 de enero de 2007

Editorial: Rajoy muestra sus cartas

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Editorial
Rajoy muestra sus cartas

LA dialéctica entre Gobierno y oposición es la esencia del sistema democrático. La presentación de alternativas a la acción gubernamental resulta imprescindible para que los ciudadanos puedan juzgar con buen criterio, más allá de la discrepancia permanente que no siempre consigue calar en la opinión pública. De ahí el acierto del PP al celebrar una serie de conferencias sectoriales sobre los problemas que realmente importan a los ciudadanos y al presentar una síntesis de sus propuestas, concedidas como un anticipo del futuro programa electoral. Esta iniciativa popular contrasta muy positivamente con la falta de pulso de un Ejecutivo que parece haber agotado muy pronto sus energías. Zapatero -que ayer insistió, en un nuevo ejercicio de retórica, en que su principal afán es «seguir trabajando por el fin de la violencia en España»- ha fiado toda su acción de gobierno en el «proceso ya fracasado y en un vuelco del modelo territorial hacia fórmulas vagamente confederales que no satisfacen a nadie y plantean serias dudas de constitucionalidad. A la hora de la gestión cotidiana, la gran mayoría de los ministros ha mostrado una notoria ineficacia, acentuada en esta parte final de la legislatura. Concentrar la estrategia política en la imagen del líder y en la filosofía del «talante» como panacea de todos los males es impropio de un partido de Gobierno en una sociedad desarrollada. Es lógico que el PP no quiera caer en los mismos errores. La crítica es muy necesaria, mucho más cuando esa «degradación del Estado» que denuncia Rajoy empieza a ser percibida por amplios sectores sociales, pero es imprescindible también ofrecer alternativas sólidas, ya que la política democrática se construye sobre la base de opciones diferenciadas.

Rajoy ha presentado en Toledo un programa liberal y centrista basado en la moderación y la concordia. Es un fiel reflejo de la forma de concebir la vida pública de un líder al que no es fácil presentar como «extremista», según pretenden sin éxito sus adversarios. Apelar al próximo bicentenario de la Constitución de Cádiz y, por supuesto, al espíritu de la Transición es algo más que un gesto para la galería. Es importante la referencia a los problemas reales de la gente, esto es, su salario, su puesto de trabajo, la educación y la sanidad, y no a cuestiones artificiales como la memoria histórica o la disputa estéril sobre las identidades. La prioridad de la política económica y social se apoya en los éxitos evidentes conseguidos en los ocho años de mayoría del PP. Por supuesto, la defensa de España como nación y como Estado frente a cualquier intención de convertirla en algo «residual» es un elemento nuclear del proyecto. En este sentido, urge recuperar una genuina política exterior, más allá de ocurrencias como la alianza de civilizaciones que no consigue ocultar la pérdida de peso de nuestro país en Europa y en el mundo. El equilibrio entre el abanico de cuestiones que España debe afrontar en los próximos años es buena prueba de que Rajoy no se deja arrastrar hacia esa oposición rígida y monotemática que algunos intentan imponerle.

El líder del PP ha hablado de garantías para los ciudadanos y de su compromiso personal con esa «alternativa» que la semana pasada planteó públicamente en el Foro ABC como un paso más allá de la mera labor de oposición. No podía faltar la apelación al rigor y al sentido común frente a un Ejecutivo que ha conseguido dividir a los españoles ante las cuestiones fundamentales. La referencia a la labor «patriótica» de la oposición es una forma brillante de exponer la distancia que separa a la política de verdad del simple partidismo. En efecto, gobernar es decidir y ejercer las propias responsabilidades, lo que exige tomar posturas que no siempre van a contentar a todo el mundo. Pero esa es la grandeza y la servidumbre del poder democrático, que no puede reducirse a la sonrisa beatífica o a la absurda pretensión de quedar bien con todos los sectores. Los ciudadanos empiezan a saber qué les ofrece el proyecto de gobierno popular de cara a las próximas convocatorias electorales. Sería muy conveniente que Zapatero dijera algo concreto sobre sus objetivos a corto y medio plazo, porque afirmar que no piensa entrar en polémicas con el PP porque todos sus esfuerzos se dirigen hacia la «paz» es lo mismo literalmente que no decir nada.

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